Escrito por Marcelo Kristopher Astete
“Estamos atravesando por un momento enrarecido”
Marcelo Kristopher Astete Morales
Mi intención no es dar una opinión política sobre un tema ya politizado, pero si deseo tratar de mostrar un trasfondo a lo que está aconteciendo. El fallo del Tribunal constitucional dio por cerrado –legalmente- el tema de la píldora del día después, prohibiendo con esto, su distribución en el sistema público de salud. Lo que no prohibió fue la venta del “fármaco” en las farmacias, por ende, cuando uno lo paga y no cuando se le regala.
A raíz de esto, numerosas agrupaciones tanto en pro de la libertad de conciencia y de decisión de las personas como las que están a favor de la vida desde el momento de la concepción han iniciado una campaña enconada con el fin de revelarse al fallo o llamar al acatamiento de la decisión.
Sin duda, cuando suceden movimientos ciudadanos estos no pasan desapercibidos y esta no fue la excepción, acaparando portadas, noticieros y amplios análisis en los diversos medios de comunicación. Un movimiento cercano fueron las famosas “marchas pingüinas” que terminaron con la caída de un ministro y un gabinete asombrado ante el poder de resistencia y convocatoria que estos jóvenes tenían. Luego fueron las expresiones espontáneas que surgieron en la capital producto del descontento e los usuarios de la locomoción colectiva y así, muchos otros movimientos vecinales de menos escala, pero que o han pasado al olvido.
Al hacer una doble lectura de todos los hechos de los últimos meses, sean políticos, económicos o sociales, se puede llegar a la conclusión que estamos atravesando por un período coyuntural particularmente enrarecido, poco común y hasta delicado. Las personas han tomado pancartas y han comenzado a expresar sus intenciones y lo que ellos consideran sus derechos; la política en sí se ha vuelto un campo de batalla marcado por un cambio de mayorías, lo que ha llevado a un cierto quiebre en el clima de progreso y entendimiento al interior del país, con lo que la raya para la suma nos da como resultado que hemos perdido el norte del chile que deseamos (o deseábamos) construir. Más se destacan ahora nuestras falencias y carencias que nuestros logros y proyectos.
Como jóvenes del hoy y del mañana -porque somos el presente y el futuro, según dicen- estamos insertos en este proceso particular de nuestra historia política y social. El chile que de verdad soñamos, como un país más justo, moderno, amigable, desarrollado y avanzado depende en gran medida de que nos enmarquemos o nos desenmarquemos de lo que está sucediendo a nuestro alrededor.
No podemos mirar con vergüenza, espanto o impavidez los noticieros o los diarios, escuchar y no oír lo que esta sucediendo y no hacer nada; de hecho, ya estamos haciendo algo, pero aún podemos hacer mucho más. Cada uno y todos juntos podemos marcar la diferencia como una clase emprendedora, líder, con nuevas ideas, entusiasta, comprometida, que desea un clima de tranquilidad y de concordia entre todos –respetando las diferencias propias de cada uno- para que nuestro país alcance para todos y para los que vendrán, para construir el Chile que de verdad queremos y que necesitamos.
Jóvenes Líderes 












