Escrito por Juan José León
Hay copias que se toman ciertas licencias. Se trata de versiones libres, a veces quizás libertinas. Chile bien puede ser una de ellas. Porque si lo propio del Edén, el original que se cuenta en el Génesis, es el castigo para quienes quebrantan sus reglas (Adán y Eva con su famosa manzana), el ideólogo de esta “copia feliz” prefirió omitir esa parte. En efecto, es esta copia (Chile) y no el Edén la que realmente parece el paraíso: acá da lo mismo equivocarse y poco importa pecar.
Así, se diseña un sistema de transporte público en el que se gastan millones de dólares y que acaba por ser un desastre y nadie pone la cara -lejos de eso, se pretende que el Congreso cargue con el muerto y se lo festina porque algunos de sus miembros condicionan, o derechamente niegan, su voto para inyectarle recursos a este elefante blanco. Una ministra de salud asume el compromiso de terminar con las colas en los hospitales públicos, fracasa y en lugar de ser desterrada de la arena política, resulta electa Presidenta de la República. Anteriormente , en otro ministerio se establece un sistema de sueldos paralelos, pagados en dinero efectivo (en un sobre) y libres de impuestos, y quien fuera el ministro a cargo en ese momento también resulta electo Presidente de la República. Ejemplos sobran, y nadie dice nada.
El último numerito de esta serie, el más inofensivo pero el más bullado de todos, lo protagoniza la selección nacional de fútbol. Tres horas de permiso el día antes de un partido contra Brasil (un rival menor) por Copa América que se transforman en una borrachera propia de mechoneo universitario, con desastres en el hotel y en la cancha. Al regreso se pregunta al Director Técnico del equipo, quien tenía bajo su responsabilidad a los jugadores (que demostraron necesitar una niñera), si es que pretende renunciar, y él tiene a bien enojarse con la prensa. Mientras, algunos de los jugadores involucrados en la bacanal anuncian querellas y demás reclamos contra la prensa que ha osado cuestionar su irreprochable conducta (con alguna saña, reconozcámoslo).
Qué más se puede pedir?, si hay que ser muy fresco, ingenuo o derechamente estúpido, para pretender que alguien asuma en Chile la responsabilidad por sus acciones. Si un delincuente que usa a una mujer de escudo humano amenazándola con un cuchillo en su cuello obtiene la libertad provisional por no constituir un peligro para la sociedad; si delincuentes que hacen un forado para robar un banco tampoco son considerados peligrosos; si, peor aún, los jueces que adoptan este tipo de resoluciones cierran filas y hacen sentir su molestia cuando alguien los cuestiona... hay que ser un completo demente para pensar en sancionar al pobre DT o difamar a los pobrecitos jugadores a quienes les cayó mal el agua de la ciudad extranjera!
Pero estas criatura celestiales no tienen de qué preocuparse, porque dentro de algunas semanas ya nadie hablará del tema y se acumulará tierra encima. Quizás incluso alguno de los jugadores que organizaron la fiesta acabe siendo capitán de la selección. Así pasa siempre en nuestra república amnésica de Chile: aquí no se necesita el perdón, porque llega demasiado rápido el olvido. Lo único fundamental, la única regla inquebrantable que nadie puede olvidar, es aquella que señala al responsable, la que determina quién debe pagar: ése siempre es Moya.
Juan José León
Miembro de Jóvenes Líderes
Jóvenes Líderes 












