Cuando la juventud sale por nuestras venas, cuando somos el aire fresco que se respira, cuando tenemos la energía intacta, cuando somos la savia nueva al decir sabia me refiero a ideas y visiones nuevas cuando somos los jóvenes de un país al que criticamos, pero no ayudamos a solucionar. En aquellos momentos me pregunto si tenemos el derecho a ser parte del remedio, si somos suficientemente responsables con nuestra propia sociedad y sus problemas.
La respuesta más cercana que puede vislumbrarse es negativa. Ya que desaprovechamos nuestra juventud siendo vagos consientes, concentramos nuestras preocupaciones en banalidades como en el “carrete” del fin de semana. Lo anterior es una generalización, pero bastante cercana a la realidad juvenil del Chile de hoy.
Debemos tener claro algo desde ya: no podemos continuar viendo en nuestra política contingente una especie de club de Toby, donde seguimos viendo al mismo círculo gobernar. Son las familias más acaudalas generalmente las que ostentan el poder económico y político de un país que necesita renovación en sus bases y figuras públicas ¿Quiénes deben cambiar esto? ¡¡Nosotros!!
Nuestra clase política se basa en la estabilidad del sistema: partidos políticos totalmente estructurados en su toma de decisiones que no propician una renovación. Es el caso del PS y el candidato presidencial independiente MEO que no fue elegido por el PS como abanderado presidencial por el solo hecho de acuerdos y estructuración política añeja y completamente lejana a refrescar un sistema que solo se desgasta cada ves mas, claramente observamos un sistema totalmente desgastado. En el cual no escuchar las propuestas nuevas esta siendo su peor enemigo.
El problema es que esta devoción por la estabilidad nos está llevando a un congelamiento. Es muy importante que hoy día el sistema político vuelva a ser dinámico. Para eso necesitamos savia nueva, renovación con aires de cambio, pero no coaliciones por el cambio, sino cambios más profundos enfocados en el material, es decir, en nuevas ideas y figuras publicas con hambre de mejorar un país que hace 10 años atrás prometía ser desarrollado para el Bicentenario.
Llegó la hora de dejar la retórica y promesas sin cumplir a un lado. Tuvieron su hora y no lo lograron, la fuerza y convicción ya no está en ellos. Abramos los ojos y percatémonos que quienes tienen la oportunidad de convertir nuestro país en uno de primer nivel mundial somos nosotros: los jóvenes responsables y concientes de su Nación
Debemos dejar de ser pacientes y de mostrar satisfacción con el Chile actual. No seamos parte del baile de los que sobran. Para el plebiscito del 88´ un 36% del registro electoral eran jóvenes menores de 30 años. Actualmente representamos sólo un 7% del padrón, lo cual es realmente preocupante.
Hoy presenciamos una dinámica electoral presidencial que recurre a los jóvenes con el fin de inyectar energía y vitalidad carente en el sistema. En mi opinión esto es una instrumentalización de nuestro voto. Los protagonistas de la historia que está aconteciendo no somos nosotros. Basta con observar a Bowen – Irarrázaval.
Reiteradamente vemos hoy en las juventudes de los partidos políticos pequeños clones que corean el discurso de sus mayores. Esto no tiene su raíz en la edad, tampoco el anhelo de mudar los aires sólo por cambiar. La renovación de caras tiene como argumento la innovación de estilos. Es menester comenzar a pensar, como generación, en la posibilidad de emprender proyectos políticos fuera de los actuales partidos
El fin de la historia no ha llegado, como algunos pensaron, aún nos queda mucho papel y tinta. Hoy estamos insertos donde la ideología liberal prima, donde las libertades individuales son el pilar de la sociedad y el colectivo desaparece. Éste último punto representa un gran reto. Debemos procurar ser hábiles para aunar a los jóvenes, crear nuevas fuentes de participación y, por sobre todo, representación juvenil. Donde los intereses e ideas circunscriban una nueva forma de ver y hacer política.
Somos nosotros, la sangre nueva y renovada, quienes tenemos la responsabilidad de pasar de un extremo de inercia a otro de praxis. Dejar de ser jóvenes pacientes para ser jóvenes presentes: ¡Tomemos el bastón¡ ¡Vamos con fuerza y convicción al abordaje muchachos¡
Jóvenes Líderes 













