Escrito por Matías GodoyEl ser humano a lo largo de su vida va aprendiendo muchas cosas. Desde niño se aprende el manual entregado por los padres, complementado día a día por las múltiples experiencias que van dando forma al ente personal. Es así como la familia y en especial los padres se vuelven protagonistas determinantes de tu personalidad futura. En lo personal no ha sido la excepción, y puedo decir con orgullo y satisfacción que mis padres, en especial mi padre, ha sido un tutor influyente y clave a la hora de hablar de lo que soy hoy en día. Desde "mentir es malo" hasta el "estudiar es tu única responsabilidad". Hoy me quiero detener a reflexionar una de las enseñanzas más comunes y ciertas que se le puede enseñar a un ser humano: el tan incuestionable y verdadero pensamiento que determina tus aspiraciones futuras y las expectativas que te haces del mundo contemporáneo: "nada en esta vida es gratis, todo tiene su precio".
Suena cruel, suena fuerte, intenso, pero tan cierto a la vez. Todo en la vida otorga una retribución y por ende para obtenerlo se requiere ofrecer algo a cambio. No es nada del otro mundo, no es tan despiadado como se plantea en la niñez. Es simple justicia y paridad. Es simple realidad. Toma chocolate, paga lo que debes. No merece mayor cuestionamiento. La finalidad del pensamiento es explicar que en la vida las cosas no llegan por nada. El esfuerzo, la dedicación, y las capacidades determinarán tu nivel de bienestar. Estudia, trabaja, asume responsabilidades, demuestra, actúa, piensa, haz algo, solo así tendrás oportunidades en la vida y podrás disfrutar de ella en todo su esplendor. Suena bonito, suena fácil. Resolver sumas y restas, leerme los Papelucho, las claves para que en el futuro tenga todo lo que siempre he deseado tener.
El ansiado poder de tener las cosas que siempre se han anhelado. No se trata de poder adquisitivo, se trata de "poder" en todo su esplendor. El problema radica en que el planteamiento demuestra la lógica de las brechas. El mito de la diferenciación, de merecer más o menos, de privilegiar y castigar. Algunos lo llaman "meritocracia", otros van más allá y lo tildan como "desigualdad". Lo cierto es que sea lo que sea no tendría nada de malo en su esencia misma salvo si se respetaran los accesos. El problema radica cuando no.
Si se afirmará con suma certeza que el esfuerzo, la perseverancia, la constancia y las capacidades, por sí solas, te garantizarán poder y por ende acceso a lo que quieres, todo estaría bien. El problema radica cuando influyen otro tipo de factores de dudosa calificación. Estamos en un matrimonio y hay 10.000 invitados, todos lo pasan bien y disfrutan de la fiesta, llega la hora de servir la torta y se dan cuenta que solo hay 500 trozos. No hay para todos. Surge la pregunta de quien tocará una rebanada. La familia se asegura las suyas, por el simple hecho de ser la familia. Otros se aseguran un trozo por haber dicho las palabras precisas a la hora del brindis. Otros, simplemente con descaro, agarran con brutalidad su parte. El bienestar propio por sobre el ajeno. Algo similar sucede con el poder.
Y es que si tienes poder tienes oportunidades, pero no gratis. El poder te garantiza más opciones, más variedades, más cantidad, a menor precio. Un ingreso superior a los quintiles más desprotegidos de la sociedad te garantiza mayor acceso a menor precio. Si, leyó bien, a menor precio. No sería pecado si el poder esta bien justificado y aquellos bienes no determinan más que la mera satisfacción personal. Vaya ironía.
Cuando el poder es conseguido por prácticas de dudoso derecho a retribución surgen los análisis. Cuando obtienes un trozo de la torta por ser encantador y haber dicho las palabras precisas en el brindis surge la duda. Más aun cuando se obtiene solo por ser familia. Así funciona el tema, así es la modalidad. No solo entre lo público y lo privado, sino que en general. Cuando hay un familiar en política el trozo esta más cerca. Cuando se es partidario, descuida, ya caerá un cargo público y sino, se inventa. Todos aferrados al club de los descuentos. Porque claro, una vez con el plato en la mano las ofertas llueven. Educación de calidad al menor costo real. Seguridad las 24 horas del día. Justicia y Salud, de la buena.
Todo tiene su precio, pero discriminado. Nada en esta vida es gratis, pero todo tiene descuento. Las oportunidades están a la mano, pero también tienen un precio. Uno es muy niño como para poder entender ese tipo de cosas, pero tarde o temprano las termina entendiendo. No tiene nada de malo cobrar por algo. No tiene nada de malo discriminar precios y obtener lo que realmente quiero obtener de ti. El problema es cuando me aprovecho de la asimetría de la información, cuando te vendo algo que no es, y más encima, a un precio real alto. Educación pública de calidad, cuando todavía se trabaja simplemente en la cobertura. Justicia como derecho humano, cuando en épocas de crisis políticas hasta la vida y la dignidad tiene precio discriminado. La Salud como garantía para todos los chilenos vía prima mensual. Jubilación, seguridad, en fin, el bienestar en general y cada uno de sus componentes. Nada es gratis en esta vida, todo tiene su precio, desde el acceso al bienestar, hasta su calidad.
Es en estos días donde los candidatos a la presidencia del país hablan del bienestar y la protección social. La educación y sus problemas. La salud y sus deficiencias. La justicia y el porque no es tan justa. Características, características, ventajas y desventajas del producto, cuando solo en nuestra mente y en nuestra conciencia esta simplemente la duda de lo que se requiere, de lo que se necesita, para acceder a aquello. Y es que en épocas de elecciones lo único que queremos saber es simple, claro y llano: en su eventual gobierno, ¿cual será el precio de las oportunidades?
Matías Godoy
Columnista Jóvenes Líderes
Jóvenes Líderes 












