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Educación superior e intolerancia

Hoy ocurre que si un joven quiere estudiar mecánica automotriz en un Centro de Formación Técnica (CFT), y no tiene el dinero, simplemente no puede hacerlo ya que el actual sistema no le da crédito a este tipo de instituciones. Entonces está obligado a postular a una universidad del Consejo de Rectores. Y como lo anterior no es lo mismo que una Ingeniería en Ejecución en un plantel tradicional, el alumno termina por desertar de la carrera, ahora con un triple problema: No tiene dinero para pagar la deuda que acumuló por el crédito, no encuentra trabajo porque los incentivos para contratar jóvenes no existen, y para colmo no estudió lo que en realidad quería. Resultado: Chile perdió un talento.

La recién aprobada Ley de Financiamiento Universitario permite que estudiantes de instituciones privadas, CFT e institutos profesionales (IP) tengan acceso a crédito. ¿Y qué tiene este proyecto que causa tanto alboroto? Fácil, que es un sistema que va a funcionar de verdad porque tiene los incentivos correctos. Y no como interpretan algunos grupos universitarios que suponen que este método va a prevalecer por sobre el actual Fondo de Crédito, que se debiera llamar "Antisolidario". Ironizo con ello ya que los que hoy tienen la posibilidad de estudiar, dado el magro porcentaje de devolución que presunta, deja sin oportunidad de estudio a una gran cantidad de jóvenes.

¿Qué lo diferencia del actual sistema? Los que acceden a la educación superior ganan hasta seis veces más que los que no lo hicieron. Por lo tanto se puede decir que los estudiantes son personas que se encuentran en una situación de "iliquidez temporal"; es decir, hoy no tienen dinero para pagar la universidad, sin embargo, el día de mañana, con su sueldo, podrán hacerlo. El Estado asumirá el papel de aval; se designará una entidad financiera que estará encargada de exigir los pagos, (y no las universidades, que son establecimientos educativos, ¡no de cobranza!). También publicará la información que los estudiantes requieran para elegir ellos ­y no un burócrata en su nombre­ la institución donde quieran estudiar. El proyecto incluye además la posibilidad de retener la devolución de impuestos a quienes, pudiendo pagar, no lo hicieren.

Si se piensa con la cabeza fría, se ve que no sólo este sistema acaba con una tremenda injusticia, sino que la misma crítica que se le hace confirma que va en la dirección correcta: Quedan muchos aspectos por mejorar en ese proyecto, pero nos acercamos al día en que un alumno con las capacidades pueda estudiar lo que quiera y donde quiera, sin importar sus condiciones económicas. Los conflictos generados a raíz de esta nueva norma han gatillado violentas protestas por parte de los jóvenes que no aceptan los cambios en el sistema. Protestas totalmente injustificadas.

Hace algunos días hablé con un amigo que es presidente de la federación de estudiantes de su universidad, y me contó que estaba muy acongojado. "Lo que pasa es que en la universidad hay un grupo de alumnos que siempre ha insistido en la vía violenta para solucionar los problemas; ahora se están tomando algunas carreras y quieren obligarme a que yo tome la rectoría de la universidad a nombre de la federación".

Quedé perplejo ante la situación y recordé que cuando tuve la oportunidad de ser presidente de la FEUC me ocurrió algo similar. Era la primera reunión de la CONFECH, que es donde se reúnen representantes de todas las federaciones de estudiantes de las universidades del Consejo de Rectores, y se comenzó a discutir sobre las fechas en las cuales se haría la primera movilización. Pregunté si me había perdido de alguna reunión, pero no entendía por qué se estaban discutiendo las fechas de una movilización, si no se habían expuesto razones para hacerlo. Y la respuesta que me dieron calza perfectamente con lo que le pasa hoy a mi amigo: "Mire, compañero, primero vemos las fechas, después las razones, ¿está claro?"

Por supuesto que no entendí. Y no sólo eso, sino que también me manifesté en contra de una movilización que se hacía con meros fines políticos, y no como el legítimo último eslabón de una cadena que se inicia al tratar de solucionar los problemas de manera racional, con propuestas, iniciativas, trabajo; es decir, verdaderamente universitario. Creo que es hora de que triunfen las ideas y las razones, no la violencia. De que ganen las oportunidades y las posibilidades de elección, no el "ombliguismo" y el egoísmo. Yo ya tomé la decisión, ¿y ustedes?

"Mire, compañero, primero vemos las fechas, después las razones, ¿está claro?"

Jaime Bellolio Avaria
Jóvenes Líderes para Chile

 


 
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